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Diez diplomáticos fuera y una embajada clausurada: Etiopía y Eritrea rompen lazos, con drones en el aire

Etiopía expulsó a 10 diplomáticos eritreos y cerró su embajada en Asmara; Eritrea cortó relaciones. Analistas citados por Al Jazeera temen que los combates con el TPLF, la disputa con Egipto y Sudán deriven en un conflicto regional.

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Cuadrilla Tiempo · 4 min de lectura
Ruptura diplomática entre Etiopía y Eritrea y ataques con drones reivindicados por rebeldes de Tigray en Addis Abeba

Diez diplomáticos, 48 horas y una embajada cerrada. Así empezó el jueves 1 de octubre la ruptura entre Etiopía y Eritrea.

La sede etíope en Asmara dejó de funcionar. Addis Abeba, además, declaró personas non gratas a 10 integrantes de la delegación eritrea, entre ellos el encargado de negocios y varios funcionarios acreditados ante la Unión Africana, y les fijó 48 horas para salir del país. Eritrea contestó cortando todas las relaciones diplomáticas con su vecino.

Los conflictos en Etiopía y Sudán se han vuelto más interconectados

Desde la paz de 2018 no había una confrontación tan grave entre los dos gobiernos, de acuerdo con Democracy Now!. El momento tampoco es neutro: el ejército federal pelea contra una alianza rebelde que encabeza el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), y los enfrentamientos ya cubren tres regiones del norte. Por primera vez parecen acercarse a la capital, según Al Jazeera.

Para el gobierno de Abiy Ahmed, la causa son los actos directos e indirectos de hostilidad y beligerancia de Eritrea, a la que señala por armar y respaldar a los rebeldes tigriños. Sobre los diplomáticos sostuvo que realizaban actividades que representan una amenaza directa para la seguridad nacional.

Asmara lo vio de otro modo. Su cancillería describió las decisiones etíopes como «actos hostiles injustificados» y denunció una «persistente agenda hostil», además de acusar a Addis Abeba de dar alojamiento, entrenamiento y armas a grupos opositores eritreos. El cierre del comunicado: «En las circunstancias actuales, Eritrea no tiene más opción que responder en los mismos términos y romper todas las relaciones diplomáticas con Etiopía», según Middle East Monitor.

Explosión y drones en la capital

Ese jueves también se oyó una explosión en el Ministerio de Defensa, en Addis Abeba. La agencia AFP consultó a una fuente diplomática, que consideró lo más probable que la causa fueran drones pequeños, recoge Al Jazeera.

Una fuente cercana al TPLF habló en nombre del grupo y se atribuyó ataques con drones en las inmediaciones del cuartel general del ejército y en otras zonas de la ciudad, informó Reuters, según Democracy Now. La semana anterior, el TPLF había vuelto a atacar a las tropas oficiales: la primera vez desde que el cese al fuego de 2022 cerró la guerra civil.

El bloque insurgente responde al nombre de Alianza de Fuerzas Populares Etíopes por la Supervivencia. Opera en Tigray, Amhara y Afar. Según Mohammed Taha Tawakel, quien dirige la oficina de Al Jazeera en Etiopía, las fuerzas leales a Addis Abeba han avanzado de forma significativa en Tigray: tienen varias localidades y están cerca de Mekele, capital de la región. Un grupo armado alineado con el gobierno aseguró el jueves que retomó Erebti, ciudad de Afar.

Tawakel describió además un «sólido vínculo de retaguardia con Eritrea» que, dijo, los rebeldes conservan en la frontera.

Del deshielo de 2018 a la ruptura

La historia viene de lejos. Etiopía se anexó Eritrea en 1962, y cuando esta se independizó en 1993, Etiopía, la nación con más habitantes del Cuerno de África, se quedó sin costa. De mayo de 1998 a junio de 2000 hubo una guerra fronteriza por la aldea de Badme, con decenas de miles de muertos. Los Acuerdos de Argel (diciembre de 2000) llevaron el diferendo a arbitraje. En abril de 2002, una comisión de límites asignó Badme a Eritrea; Etiopía se negó a acatar ese fallo.

El deshielo llegó en julio de 2018. Abiy, recién instalado en el poder, firmó en Asmara con el presidente eritreo, Isaias Afwerki, una declaración que puso fin al estado de guerra. Gracias a ese acercamiento recibió el Nobel de la Paz en 2019.

Dos años más tarde, soldados eritreos se unieron al ejército federal contra el TPLF en la guerra de Tigray (2020-2022), con cientos de miles de muertos. El Acuerdo de Pretoria puso fin al conflicto: lo firmaron el 2 de noviembre de 2022 el TPLF y el gobierno etíope, con la Unión Africana como mediadora. Eritrea había combatido, pero no participó en la negociación.

Después, la relación se enfrió. Abiy retomó el discurso del derecho etíope a un acceso al mar, que en Asmara se entiende como una amenaza territorial, según Al Jazeera.

Los vecinos también cuentan

Egipto y Etiopía han echado cada uno a diplomáticos del otro, por la disputa en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul e inaugurada en septiembre de 2025.

Hacia el oeste, Sudán está en guerra desde el 15 de abril de 2023. Se enfrentan el general Abdel Fattah al Burhan, al mando de las Fuerzas Armadas, y Mohamed Hamdan Dagalo, apodado Hemedti, que dirige las Fuerzas de Apoyo Rápido. El conflicto ha desplazado a millones de personas).

Chatham House tiene en su Programa de África a Ahmed Soliman, investigador sénior, quien dijo a Al Jazeera: «Los conflictos en Etiopía y Sudán se han vuelto más interconectados, con el gobierno etíope y las Fuerzas Armadas Sudanesas acusándose mutuamente de dar refugio y equipar a las respectivas fuerzas opositoras».

Ante Al Jazeera, Laura Hammond, que enseña estudios del desarrollo en SOAS, Universidad de Londres, afirmó que los riesgos de expansión del conflicto hacia otras naciones «ya se están materializando». Martin Plaut, analista que sigue el Cuerno de África, le dijo al mismo medio: «La situación es extremadamente tensa y bastaría una chispa para provocar un incendio que podría envolver a Etiopía y Eritrea, así como al vecino Sudán».

Lo que viene

El sábado 3 de octubre vence el plazo de 48 horas para los diplomáticos eritreos. Las fuerzas leales al gobierno, según Al Jazeera, siguen su marcha hacia Mekele. Y entre Egipto y Etiopía, por ahora, todo se ha quedado en expulsiones recíprocas de diplomáticos.

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